Rápidamente, varios países europeos presentaron su candidatura (Italia, Hungría, Países Bajos, España y Suecia), junto a la de Uruguay. Jules Rimet, presidente de la FIFA en esos años estaba a favor de la realización en el país sudamericano. Uruguay se encontraría a la fecha del Mundial celebrando el centenario de la Jura de la Constitución (18 de julio de 1830), había obtenido de forma consecutiva la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928, tenían planes para la construcción de un nuevo estadio y las autoridades del país se habían ofrecido para pagar los gastos de los participantes. Además, las heridas de la Primera Guerra Mundial aún no habían cicatrizado completamente en el continente europeo, por lo que la preferencia por la realización en Uruguay serviría como una forma de alentar a la paz mundial.
Al ver que probablemente el torneo sería adjudicado al pequeño país del sur, los candidatos europeos declinaron su candidatura favoreciendo a Italia. Sin embargo, el discurso del delegado argentino Adrián Béccar Varela promoviendo la candidatura de su país vecino, obligó al retiro de Italia. Así, Uruguay fue elegida unánimemente como sede del torneo y confirmada en el congreso de la FIFA de Barcelona, en 1929. El escultor francés Abel Lafleur creó un trofeo llamado la "Diosa de la Victoria".
Para el torneo, la intención de los organizadores era que todos los partidos se disputaran en un sólo estadio, el Estadio Centenario, construido especialmente para la celebración de la Copa Mundial y como celebración del centenario de la independencia uruguaya. Fue diseñado por Juan Scasso y Rimet lo llamó el "templo del fútbol". Con una capacidad de 90.000 espectadores era el mayor estadio del mundo fuera de las Islas Británicas.
Sin embargo, las fuertes lluvias caídas en Montevideo antes de la inauguración del campeonato impidieron que su construcción fuera finalizada a tiempo. Dada esta situación los organizadores se vieron obligados a buscar otros estadios para celebrar en ellos los primeros partidos, el Gran Parque Central (propiedad del Club Nacional de Football) y el Estadio Pocitos (propiedad del Club Atlético Peñarol), escenarios donde se jugaron de manera simultanea los dos primeros partidos en la historia de la Copa Mundial. El Estadio Centenario fue oficialmente inaugurado el sexto día de competición y a partir de ese momento todos los partidos se jugaron ahí.